El “Rey de los Peregrinos” congrega a más de 45 mil turistas en su festividad anual

En Ayabaca, Piura cada mes de octubre, el distrito de Ayabaca se viste de morado y se convierte en epicentro de fervor religioso durante la festividad del Señor Cautivo de Ayabaca, venerado como el “Rey de los Peregrinos”. La celebración que se extiende del 12 al 14 de octubre, con el 13 como día central, atrajo en su última edición a más de 45 000 visitantes nacionales e internacionales, según estimaciones de la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo de Piura .

Historia, leyenda y legado sagrado

La devoción al Señor Cautivo se remonta al siglo XVIII, cuando se cuenta que un trozo de madera exudó un líquido parecido a sangre, lo que los pobladores interpretaron como una señal divina. Aquel tronco fue tallado por supuestos escultores misteriosos presuntamente ángeles y la figura quedó intacta cuando los artesanos desaparecieron, constituyéndose en la imagen venerada hasta hoy.

El templo que alberga la imagen fue elevado al rango de Santuario del Señor Cautivo en 2002. El altar mayor posee finos detalles de tallado y pan de oro, y la imagen es flanqueada por otros santos como San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima y la Virgen del Pilar.

Impacto social y cultural

  • En cuanto al turismo y la economía local, se calcula que la festividad supera los 600 000 soles de impacto económico para la región Piura.
  • La festividad fue declarada de interés regional por el Consejo Regional de Piura y es considerada Patrimonio Cultural de la Nación desde 2013.
  • Ayabaca está situada a 2 715 metros sobre el nivel del mar, lo que hace que la caminata final incluya ascensos exigentes para los peregrinos.

Esperanza y devoción como costumbre

La festividad del Señor Cautivo de Ayabaca no es solo un acto religioso anual: es la conjunción de historia, fe y comunidad. En cada paso que dan los peregrinos, en cada oración y cada promesa, se revive una tradición que ha resistido siglos. Cuando la procesión culmina y la imagen entra en su santuario, es el momento de introspección, gratitud y renovación espiritual. Este año, como los anteriores, Ayabaca abre sus brazos para recibir a creyentes y curiosos que buscan comprender el poder del sacrificio, la esperanza y la fe que trasciende distancias.

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